Configuraste el recordatorio. Apareció a la hora correcta. Lo descartaste con el pulgar, sin siquiera registrar lo que decía, y a las diez de la noche te acordaste de que la cosa no se hizo.
Eso no es un error de configuración. Es que la mayoría de los recordatorios se diseñaron para avisar, no para provocar una acción.
Por qué descartar es tan automático
Descartar notificaciones es un gesto entrenado con miles de repeticiones diarias. Ocurre antes de la lectura consciente: la mano va, la pantalla se limpia y la atención ni siquiera cambia de lugar.
Súmale la ceguera temporal (los déficits en la percepción de la duración son un hallazgo consistente en el TDAH) y tienes la pareja perfecta: el aviso llega, desaparece, y la siguiente ancla temporal solo aparece cuando el plazo ya venció.
Las cinco características de un recordatorio que funciona
El límite honesto de todo esto
Hay que decir lo que un recordatorio no hace: no crea motivación, no reduce el tamaño de la tarea y no resuelve un bloqueo. Si la tarea está detenida porque tiene una decisión sin resolver en medio, el mejor recordatorio del mundo solo te va a avisar, puntualmente, de que sigue detenida.
El recordatorio resuelve el olvido y el plazo invisible. Para lo demás, tiene que venir acompañado: de un primer paso pequeño, de un disparador, de alguien a quien responderle "no pude, pásalo para otro día".
Cómo lo resolví yo
Por esas restricciones, en ASB el recordatorio no es una notificación: es la asistente hablándote por el canal que ya usas, esperando tu respuesta, insistiendo en el nivel que elegiste y, al llegar al tope, preguntándote si está todo bien en lugar de rendirse en silencio.