Todo el que ha intentado organizarse tiene este cementerio: tres o cuatro apps instaladas, cada una con el sistema perfecto armado en una tarde de domingo, todas abandonadas desde abril. Si el problema fueras tú, el patrón no se repetiría tan idéntico en personas tan distintas.
El problema es que la mayoría de estas herramientas te cobran, para funcionar, exactamente las funciones que te faltan.
Lo que la app te pide sin decírtelo
Te pide que te acuerdes de abrirla. Ese es el defecto estructural. Una app es un lugar al que se va. Si la memoria prospectiva (acordarte de hacer algo en el futuro) es tu punto débil, la app depende de la función que falló para poder ayudarte con la función que falló.
Te pide decisiones en el momento de capturar. Proyecto, etiqueta, prioridad, fecha, subtarea. Se te ocurrió algo en el autobús y el formulario quiere cinco elecciones. El costo es alto, lo dejas para después, y "después" es el mismo lugar donde viven todas las demás cosas.
Te pide un mantenimiento invisible. Reprogramar lo vencido, archivar lo que murió, revisar la semana. Sin eso, la lista se vuelve un monumento a las tareas atrasadas, y entonces abrir la app empieza a costar culpa, lo que garantiza que ya no la vas a abrir.
Lo que nadie te cuenta sobre "crear el hábito"
El estudio de referencia sobre la formación de hábitos siguió a personas que adoptaban conductas nuevas en su vida diaria y encontró una mediana de 66 días hasta que la conducta se volvía automática, con una variación enorme, de 18 a 254 días, según la persona y la conducta.
O sea: el plan "voy a crear el hábito de abrir la app todos los días" apuesta a dos meses de constancia por una acción que no da ninguna recompensa visible en el camino. Es una mala apuesta para cualquiera, y peor todavía cuando la recompensa lejana ya pesa poco.
Qué buscar, entonces
Lo que quise cambiar
La conclusión a la que llegué es que la herramienta correcta no es la que tiene las mejores funciones: es la que vive donde ya estás y hace sola el trabajo aburrido. Crea la tarea, guarda la fecha y vuelve a hablarte cuando llega la hora.
Esa es la inversión que quise hacer con ASB: en lugar de que tú visites el sistema, el sistema te busca a ti.